Bien definió Jesús a Satanás y los suyos. En el evangelio del apóstol Juan, capítulo 8 y versículo 44, Jesús no duda en echarles en cara a los falsos e hipócritas que tenía por delante, vestidos con buena ropa y todo tipo de decoro de su tiempo, lo que había en la mente perversa de cada y en su corazón engañoso.
Hoy día, el diablo se las ingenia para que la gente de mal corazón obre con maldad como antes.
Bueno sería para la policía tirar del cabo no solo en lo visible y condenable sino también que anhele saber el origen del mal en cada uno de los mafiosos. El resultado sería siempre el mismo: Satanás.
Así es, este ángel caído que se hizo enemigo de Dios en el Cielo y más tarde, cuando fue expulsado envenenó con su engaño al ser humano, es el autor de la muerte y de todos los males. Es el mayor enemigo de la humanidad, el único si me quieren apurar, hasta tal punto, que si muriera Satanás, posiblemente las enfermedades, vejez y muerte desaparecerían de este mundo.
Con todo, tiene muchos adeptos entre los humanos, sus víctimas que ha transformado con su perversidad y engaño, que los tiene tan atontados que le adoran. No es de extrañar que quienes sabemos estas cosas estemos hartos del laicismo que no ama a Dios, sino a la ignorancia. Antes de Jesucristo, se hacían ídolos más que ahora. Ahora todavía alguna que otra civilización se hace ídolos, pero muchos los han cambiado por mentiras, como la evolución, en la que afirman que todo está demostrado científicamente.
En su oculto corazón abundan ambiciones, perversidades, violencia, esclavitud y anhelos de destruir y matar.
Así son los espiritistas, mafiosos, contrabandistas y todos los que adoran el mal.
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